Museo Casa Diego Rivera

El museo fue creado en 1975, fundado en la casa donde nació, un 8 de diciembre de 1886, Diego María de la Concepción Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez; quien fungiría como un destacado representante del muralismo mexicano. Nació junto con su hermano gemelo, José Carlos María, quien murió un año y medio después; hijo de Diego (médico) y María.[1] Guadalupe Rivera Marín, hija de Diego Rivera, fue quien promovió la restauración del edificio con apoyo de Gobierno Federal, la Universidad de Guanajuato, el Instituto Estatal de Cultura, y el Instituto Nacional de Bellas Artes. 

 

La decoración de la casa habitación, se recreó de acuerdo a las costumbres de la época y de la familia: el dormitorio de los padres, la recamara de la tía de Diego, el comedor y un estudio. Esta familia se trasladó a la Ciudad de México en 1892, donde Rivera inició su formación artística a partir de 1896, en la Academia de San Carlos. Ahí conoció al paisajista José María Velasco, y llevó clases de grabado en el taller de José Guadalupe Posada, de quien recibió gran influencia. Fue precisamente durante este período cuando realizó La cabeza clásica, pieza donde se observa su aprendizaje en la pintura neoclásica y su etapa academicista.

A partir de 1907, Diego alternó su residencia entre México, España y Francia, lo que le llevó a conocer gran parte de Europa. Su primer matrimonio fue en Brujas, Bélgica, con la rusa Angélica Beloff, juntos tuvieron un hijo que murió un año después de nacido. No obstante, el tiempo que permaneció en España, le llevó a asimilar el denominado realismo Español.

En La Fragua, de 1908, se nota, más que el academicismo, el legado y su preferencia por la pintura clara; además del afán modernista, sin renunciar a ciertas tradiciones distintivas del arte hispánico. Un ejemplo de ello es La era, hecha en 1904, “donde pintó un sintético paisaje con acentos de la vida campesina”. Otro cuadro que continuó con la misma temática fue Cabeza de mujer bretona o muchacha bretona, de 1910; “distinto es el Paisaje de Xalapa, realizado el año siguiente, porque se trata de una pintura clara de factura más suelta, sin interés atmosférico, pero ligada ya a las propuestas del impresionismos Rivera descubrió las primeras vanguardias artísticas en París, en 1909, que se encontraban en pleno desarrollo; asimiló la pintura al aire libre, además de incursionar en el impresionismo, con una postura muy personal pues no abandonó los tradicionales colores ocres, siena y terracotas”. Estas pinturas se encuentran en este momento en exhibición en el Museo de los Ángeles.

La colección Marte R. Gómez cuenta con dibujos en los que se aprecian tales características, como en Paisaje de París y Paisaje con postes de telégrafo, ambos de 1913. Rivera se interesó en la moderna vida urbana y en el progreso, inquietudes que a través de los principios del futurismo integró a su producción. El tratamiento geométrico, la organización en planos interpretados y la descomposición de tipo cubo-futurista (formas dinámicas que intentan capturar acción) culminaron en 1913 en La mujer del pozo (pintada al reverso del Paisaje zapatista).

La influencia de Cézanne se advierte también en algunos de sus dibujos y óleos de bodegones de 1918, como Naturalezas muertas…

El Retrato de Martín Luis Guzmán (1915) fue la obra en la que comenzó a utilizar motivos mexicanos como sarapes, equipales, guajes, petates y sombreros, que ampliaron y mexicanizaron el reducido vocabulario del cubismo. También se pueden notar estas características en Naturaleza muerta con tetera, siendo este período el que le sirvió para arribar y consolidar su estética definitiva: la mexicanista.

En 1917 abandonó el cubismo. Sus trabajos posteriores, según los calificó el crítico Justino Fernández, revelan las influencias de Renoir en la sensualidad de La viñadora o La piscadora de uvas, de 1920. Diego Rivera regresó a México, provisto con gran cantidad de influencias y conocimiento, Justino Fernández lo define como: “Las lecciones de los grandes maestros del pasado lo fecundan; nada de importancia queda fuera de su experiencia, ha terminado su formación, ha cerrado una etapa de su carrera y ahora puede comenzar su obra monumental”.

Uno de los valores fundamentales en su obra es el acentuado mexicanismo. Su postura política fue producto de las nuevas condiciones históricas producidas por la Revolución Mexicana, y el proyecto cultural posrevolucionario encabezado por Vasconcelos; por sus anhelos de renovar la cultura nacional, manifestados desde principios de siglo en ideologías progresistas y en pensamientos de figuras como las de Gerardo Murillo (Dr. Atl), José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, entre otros.

Diego Rivera formó una singular visión sobre lo mexicano, propuesta artística que está presente en toda su obra a partir de su regreso definitivo a México en 1921. Para entonces, Rivera tenía 35 años de edad, época en la que el gobierno del general Obregón estableció las bases para la estabilización política y social del país, siento entonces que se ofrecía una coyuntura favorable para el terreno cultural. Diego Rivera aprovechó tal situación para iniciar con otros artistas la nueva experiencia plástica pública de las decoraciones murales. En ese mismo año viajó por el sureste de México y redescubrió el esplendor de sus vestigios arqueológicos. Al visitar Chichén Itzá, conoció el pasado maya, y, sorprendido, admiró la cámara interior del Templo de los Tigres con sus pinturas del siglo XII, mural maya-tolteca que le dejó una profunda huella de la tradición de la pintura mesoamericana. Apreció las danzas y las artes regionales, las costumbres autóctonas, las artesanías y el variado paisaje de nuestro país.

El Museo Casa Diego Rivera, cuenta además con tres salas temporales donde se exponen obras de artistas contemporáneos. Las exhibiciones abarcan distintas disciplinas desde grabado hasta escultura.

Para la temporada invernal el público podrá apreciar la exposición del artista Peñalta, “con Complicidad con las piedras”. Obra realizada en mármol y trabajada sobre las betas de cada pieza, para entresacar lo que encierra la naturaleza. El visitante podrá apreciar un ángel, un anciano, una muchedumbre, y otros elementos que el público podrá ir descubriendo según su imaginación.

 

Además, está en exhibición la exposición “Del trazo a la escultura” del Mtro. David Camorlinga, donde la arquitectura expresada en la escultura nos invita a escenas cotidianas y humanas a través de personajes realizados en esta técnica sobre metal, o en piedra. Por último, “Migraciones”, una exposición colectiva realizada en Centro de las Artes de Guanajuato, en donde se plantea la migración del grabado, expresado sobre diversos soportes y papel realizado a mano, e intervenido con fibras, del mismo modo nos hace reflexionar sobre el fenómeno de la migración que está actualmente tan vigente.

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