¡Ay jijo de la canija! Leyendas y sucedidos guanajuatenses

Por: Gabriel Medrano de Luna

 

Universidad de Guanajuato

 

En México, como en muchos países de Latinoamérica, es frecuente escuchar hablar de leyendas y, en particular, la historia de La Llorona juega un papel primordial. Recuerdo a la abuela en los años de infancia, cuando me decía que si me portaba mal se me iba a aparecer el “coco”, o me iba a salir La Llorona… lo encantador era que esas narraciones orales, trasmitidas de generación en generación, formaban parte de nuestras creencias y lograban que nos portáramos bien o que nos fuéramos a dormir a la hora indicada.

 

 

 Desde pequeños se nos hablaba de aparecidos, fantasmas, nahuales, duendes, brujas y tesoros enterrados, entre una larga lista de mitos, leyendas, cuentos y canciones; quizá por ello en México hablar de la muerte sea parte de nuestra cultura popular. Esa apreciación que se tiene de la muerte en México es muy significativa, a diferencia de otros países, los mexicanos la hacemos parte de nuestra cotidianidad, nos reímos de ella, la confeccionamos en dulce, cartón, barro, madera y un sinfín de materiales que la imaginación y creatividad del mexicano permite; además, también está presente en las narraciones orales, canciones, corridos, leyendas, refranes y un sinfín de expresiones que forman parte de la cultura e identidad de los mexicanos.

Las narraciones orales también han servido como una forma de educar y trasmitir valores morales a los niños, pues a través de estas historias se inculca una serie de valores que van implícitos en los mitos, fábulas o cuentos, y particularmente las leyendas. En los mitos, la forma narrativa que subyace a la estructura de estos, es la expresión de un código cultural, por eso para acceder a la estructura de una sociedad se puede partir de las narraciones populares. Por narraciones populares generalmente se entiende al conjunto de cuentos tradicionales, término genérico que abarca varios tipos de narraciones orales en todo el mundo, a través de las cuales se pueden trasmitir ciertos valores; una narración mítica puede contar cómo comenzó el mundo, cómo fueron creados los seres humanos y los animales; cómo se originaron ciertas costumbres, ritos o algunos aspectos de las actividades humanas.

Al referir las leyendas, desde el propio significado de la palabra que procede del latín legenda, significa “cosas para leer, lo que habrá de ser leído”, de legere “leer’,[1] podemos reseñar diversos textos sobre el significado, pero la mayoría de estos escritos relatan que se trata de relatos trasmitidos desde el pasado por tradición oral, y pueden contener hechos históricos y/o ficticios.[2] Otras narraciones que trasmiten valores moralizantes son las fábulas, una breve composición literaria en verso o prosa cuyos personajes son generalmente animales u objetos inanimados; las fábulas en su forma tradicional tratan de demostrar una verdad moral que, a modo de advertencia o consejo, se sintetiza al final de la narración en una moraleja.  En su estado original, es una narración en la que con fines moralistas, unos seres irracionales, y a veces inanimados, actúan y hablan como si tuvieran intereses y pasiones humanas; además, las fábulas siempre aseveran verdades morales donde no hay ningún significado oculto lo que no deja nada para la imaginación.[3]

Para cerrar este breve panorama de las narraciones populares me referiré fugazmente a los cuentos, se trata de un relato breve con un reducido número de personajes, que  narra  una  historia ya sea verídica o ficticia; además, tiene una trama y su texto integra e interesa rápido al lector, haciendo más fácil y amena su lectura. [4] Los cuentos fantásticos son otro tipo de narraciones que forman parte del ámbito de la ficción, se desarrollan en un mundo fantástico poblado por personajes extraños y mágicos que no se consideran verídicos ni por el narrador, ni por su audiencia; a pesar de que lo sobrenatural abunda en este tipo de cuentos, son pocos los que tienen que ver con los cuentos de hadas. Por lo general, los cuentos fantásticos involucran a un héroe o heroína desvalido que debe enfrentarse a diversas pruebas o llevar a cabo hazañas casi imposibles, y que gracias a la ayuda de la magia logra asegurar su derecho de nacimiento o formar una pareja conveniente; lo típico en estos cuentos es que frecuentemente comienzan con: “Érase una vez...”, para terminar con “y colorín colorado, este cuento se ha acabado”.  Todos estos tipos de narraciones han sido parte importante de la literatura que ha educado a niños o adultos durante toda la existencia de la humanidad; la verdad de las narraciones tradicionales es la verdad de nuestra imaginación y no de la casualidad normal.

Para el caso particular de Guanajuato, que también aporta a esa riqueza literaria que tenemos en México, las historias y tradiciones han sido una de las expresiones más importantes de la identidad y cultura de sus habitantes. Desde años atrás, los abuelos narran que Guanajuato es una ciudad encantada, y que desde su fundación se han ido creando numerosas leyendas; la geografía del lugar, permitió que los españoles descubrieran ricos yacimientos de minerales,[5] lo que atrajo a muchas personas en busca de riqueza. Se decía que en este lugar había una gran cantidad de oro y plata, que estaba a ras de la tierra, y que sólo había que tener suerte para hallarlo... eso también dio origen a múltiples historias... y la gente piensa que son sólo invenciones.

Con el paso del tiempo los reales se multiplicaron y las poblaciones se desarrollaron, pasando de congregación a pueblo, villa y ciudad. El título de villa a Guanajuato lo concedió Felipe III en 1619, y Felipe V la elevó a ciudad en 1741, ya para el 4 de diciembre de 1786 adquirió el rango de capital de intendencia. En ese contexto, se dio el descubrimiento y explotación de las minas y, por ende, la llegada de numerosas familias. Estas traían sus propias vivencias, costumbres, creencias y anhelos, que al paso del tiempo fructificaron en nuevas manifestaciones culturales, muchas de las cuales perviven hasta nuestros días.

El auge minero confirió a Guanajuato un nivel especial a nivel regional, la ciudad capital también adquirió particularidades especiales debido a la urbanización de las calles porque no siguió el patrón establecido como en muchas otras ciudades; es decir, a partir de una plaza central donde confluían los distintos poderes civiles y eclesiásticos, como indica Aurora Jáuregui de Cervantes:

[...] se puede decir que Guanajuato se configuró en las cercanías de las minas. No existió un plan determinado para su urbanización, como en otras villas, donde se seguían al pie de la letra las disposiciones reales, según las cuales, en torno a una plaza central en la cual convergían los poderes civiles y eclesiásticos, partían las calles tiradas a cordel. [... la ciudad de Guanajuato] ubicada en una cañada, en la cual, lo mismo que en las vertientes de los cerros que la forman y la rodean, se construyeron casas en cada repliegue, de la manera más caprichosa que se pueda concebir, sobrepuestas una a otra y sostenidas como por arte de magia. A ellas se tiene acceso por callejones tortuosos, empinados y estrechos, de nombres pintorescos: el Infierno, el Salto del Mono, los Angelitos, el Beso, Perros Muertos, etc. Cada rincón tiene su historia o su leyenda y se necesita imaginación para concebir la ciudad. En fin, se puede decir que el ambiente romántico del siglo XIX quedó plasmado en ella. [6]

Son varios los autores que, en diversas épocas, han dado cuenta de la belleza y encanto de Guanajuato. Citemos por caso a Jaime Torres Bodet, quien en el proemio del libro Guanajuato en el arte, en la historia y en la leyenda, describe a la ciudad como:

Ciudad de múltiples dimensiones –de fantasía y de inteligencia, de lucha y tradición, de trabajo y de ocio contemplativo–, Guanajuato se encuentra siempre entre la leyenda y la realidad. Más que verla la imaginamos. Y la inventamos cada vez que la descubrimos. Como sus calles, rápidas y tortuosas, todo nos la revela súbitamente, con lucidez instantánea e inolvidable, y todo enseguida nos la arrebata... Unos minutos y algunos pasos la trasfiguran. Era presencia. Y se ha convertido en nostalgia, en ausencia, en sueño. [7]

Coincido con el autor al decir que Guanajuato es una ciudad de alguna manera surrealista, que está entre la leyenda y la realidad. El aspecto bucólico de la ciudad es una construcción social que se ha ido arraigando a través del tiempo; la apreciación de Guanajuato como una ciudad “española”, donde las leyendas y tradiciones juegan un papel importante, no es reciente; como muestra citamos lo dicho en 1967 por Ismael Diego Pérez.[8]

Quizá Guanajuato represente la huella española más pura en México. Sus callejas, sus gentes, sus rincones evocadores, sus casas con faroles, sus puertas y ventanas con rejas, sus patios y calles empedrados, nos hacen evocar sin ninguna violencia a tantas ciudades castellanas, hermanas de arquitectura, de raza. Y los nombres saltan con facilidad en la memoria o en la evocación: Ávila, la ciudad de Santa Teresa; Cuenca, la ciudad de Fray Luis de León; Alcalá de Henares, la de Miguel de Cervantes, etc.[9]

Un aspecto que recalcar es que las narraciones y tradiciones no surgen de la nada en Guanajuato, sabemos que desde muchos años atrás los españoles, además de traer herramientas o armamento de hierro, así como algunos animales como caballos, condimentos y alimentos, también nos trajeron sus historias, costumbres y creencias.  Por ello en México contamos con una gran riqueza en cuanto a historias, fiestas y tradiciones se refiere.

El aspecto romántico referido pareciera que ha pervivido hasta nuestros días, como si el tiempo se interrumpiera, creyera que no se podría concebir la ciudad y sus alrededores sin sus leyendas. Cada callejón, calle o rincón tiene sus propias historias y son tan diversas que son parte de su encanto, hay leyendas que aluden a calles y callejones que narran acontecimientos históricos sucedidos en el lugar mencionado trayendo como consecuencia el nombre de la calle o callejón, tal es el caso de la leyenda “Del callejón del beso”; “La calle del Truco”; “Callejón del Tecolote” o “El Callejón de la Condesa”.

Otras leyendas exhiben a personajes que por aspectos particulares formaron parte de la memoria colectiva de los guanajuatenses, como “El Cantador” o “El Padre Belauzarán”. Las leyendas toponímicas indican a un pueblo o ciudad o narran acontecimientos en algún lugar geográfico; por ejemplo, “La Bufa” o “El Pastor”. Otras historias que han dado cuenta de ese Guanajuato tétrico son las que hablan de brujas y espantos, cuentan de mujeres que tienen cierto poder maligno, en tanto otras muestran a personajes que se aparecen para espantar a la gente; las historias de apariciones describen a personajes que en vida dejaron algo sin concluir y regresan como espantos para finiquitar lo que en vida dejaron pendiente; otras exponen algún personaje que se viste como fantasma para salir por las noches y asustar a la gente, hasta que se descubre su verdadera personalidad con lo que deja de espantar. Una de las leyendas más divulgadas sobre apariciones es la de “La llorona”, una mujer que arrojó sus hijos al agua y después se aparece por las noches cerca de los ríos en busca de sus hijos ahogados por ella misma y gritando ¡Aaaaay mis hijosss! ¡¿Dónde estarán mis hijos?!

La llorona es un personaje que podemos encontrar en muchos países y regiones de México y Latinoamérica; en Guanajuato hay versiones muy diversas sobre esta mujer, don Luís Marín nos comparte una versión muy particular:

En Guanajuato hay muchas leyendas, [es]tamos así mira, llenos de puras leyendas,  y hay algunas que sí te sacan de onda, porque sí son como dices tú: sí, sí lo creo. Mira […] antes sí se oía, pero yo nunca lo llegué a ver, me platicaba mi papá, [que] la casa donde vivimos ahora, [es]taba  a la orilla en el río, que era la casa de mi abuela; entonces, [a] mi papá lo mismo le daba vivir abajo que arriba, [es]taban las casas juntas, y me platicaba que una vez se bajó a calzoniar[10] por acá, cuando dice que si oyó, porque era incrédulo como yo. Dic[e]: Mira, oí el grito como por La Purísima, un grito de auxilio, ¿o que no? Gritaba como gritan ustedes, eso de que mis hijos no, pero si ¡ayyy...!, era un grito de una vieja. Dijo: ¡A caray…! y ya estaba así, amonao bien tras las nopaleras, cuando afuerita de la iglesia de la cañada, [escuchó] otro grito y dijo: ¡Ay jijo de la canija! y entones sí me metió a la casa, le platicó a la vieja, o sea a mi mamá, y dijo: pues sí, sí oí viejo, ¿no te dio miedo? No pos iba a lo que iba. [11]

Otras narraciones muy comunes en muchas partes del mundo son las leyendas de tesoros, que aluden a tesoros enterrados que al ser encontrados sólo traen la desgracia de quien los encuentra por la codicia. Muchas veces se escucha una voz que dice “todo o nada”; es decir, si te encuentras el tesoro, te debes llevar todo, porque si por avaricia solo tomas una parte, se cierra la puerta del cerro y quedas atrapado para morir en su interior. También hay leyendas de robos que se basan en algún robo cometido trayendo como consecuencia alguna desgracia.

En Guanajuato las momias han sido un motivo de gran atracción turística, el museo es uno de los tres o cuatro más visitados a nivel nacional. Las narraciones no son precisamente leyendas, sino que se construyen diversas historias fantasiosas  en torno a ellas; incluso, han sido plasmadas en películas como “El Santo contra las momias de Guanajuato”.

Durante la Colonia o el México independiente también se crearon leyendas a partir de acontecimientos violentos que originaron la creación del nombre donde fueron los sucedidos; en Guanajuato tenemos “La Plazuela de los Carcamanes”, “El ahorcado de Mexiamora” o “El crimen de Tanganitos”.

Las leyendas religiosas muestran aspectos vinculados a las divinidades como favores recibidos, apariciones de cristos en árboles o narraciones que agradecen a una deidad algún favor recibido, tal es el caso de “El Señor de Villaseca”. En tanto las milagrosas exponen algún milagro realizado o haber recibido algún favor de alguna divinidad.

Hay narraciones históricas que refieren algún suceso o acontecimiento histórico, narraciones referentes a algunos de sus edificios arquitectónicos como el Teatro Juárez, el Mercado Hidalgo y El túnel del Cuajín.

Otras leyendas fascinantes son las antropomórficas, que aluden a animales, rocas, astros y demonios, que en un principio fueron seres de forma humana pero no necesariamente hombres, ya que podían tener rasgos diferentes como un solo ojo, muchos brazos, ser enanos o gigantes; algunos podían ser mitad hombre y mitad animal, o también ser personas que se convertían en animales. En diversas partes de la República Mexicana, se hablaba del “Chan de Agua”, que era un personaje mitad hombre y mitad animal que habitaba principalmente en  los ríos o lagunas, cuando una mujer se bañaba ahí corría el riesgo de quedar embarazada.

Como podemos observar, dentro de las leyendas en Guanajuato existen textos que manifiestan no sólo la riqueza narrativa sino también la imaginación del pueblo para testimoniar sus creencias, héroes, experiencias, anhelos y aspectos históricos; al tiempo que son parte de la identidad guanajuatense y algunas conllevan ciertos valores para enseñar algún código moralizante a la gente. En los textos encontramos muy variadas leyendas expuestas por diversos autores, entre los que se pueden mencionar a Carlos de Gante, Agustín Lanuza, Juan José Prado, Salvador Ponce de León, Guadalupe Appendini, Ezequiel Almanza Carranza, Lilian Scheffler, Manuel Leal y Andrés García.

 

A manera de consumación

Muchas de las leyendas en Guanajuato se crearon en un ambiente donde el aspecto urbanístico de Guanajuato fue esencial, y si a ello agregamos los colores, sonidos, olores y sabores guanajuatenses, comprenderemos el porqué de su propagación. Muchas de las leyendas reflejan el trabajo y la vida cotidiana de los pobladores, dando cuenta de sus aspiraciones, deseos, frustraciones, vivencias y creencias; citemos por caso la de El Callejón del Beso, El Cantador, La Calle del Truco, El Callejón de la Condesa, El Callejón del Tecolote, El Carruaje Maldito, El Callejón del Diablo y los Carcamanes, entre muchas otras.

A través de las leyendas e historias guanajuatenses podemos advertir en un plano más profundo que hay una idealización romántica de la época minera de Guanajuato, esa ciudad encantada y llena de riquezas, en la subyace la esperanza de que la grandeza perdida y la bonanza guanajuatense un día retornará.

¿Qué quedó ahora? ¿Qué muestra Guanajuato a sus visitantes? ¿Dónde está esa ciudad minera? Pues ahora lo que se muestra es precisamente un reflejo de aquello que un día fuimos y volveremos a ser. Para mostrar a los visitantes que mejor que su arquitectura, sus túneles, sus entremeses, su Festival Internacional Cervantino, pero sobre todo sus leyendas y narraciones populares que dan cuenta de la riqueza que ha tenido Guanajuato a través de tiempo… y durante esos años los cuestionamientos de los curiosos sobre los sucedidos de las leyendas guanajuatenses siguen siendo casi los mismos ¿Se sigue apareciendo? ¿Será cierto lo que cuentan? ¿Será posible tal suceso? y las respuestas, usted, afectuoso lector, las puede corroborar si decide ir de noche al lugar señalado en la leyenda.

Con un toque de suerte percibirá un suspiro en el Callejón del Beso; escuchará una voz melodiosa en el Jardín del Cantador; verá un hombre apuesto con capa y sombrero en el Callejón del Truco; escuchará a dos hermanos debatir por una mujer en la Casa de los Carcamanes; encontrará el ánima caminando en el Callejón de la Condesa, o verá a un ahorcado en Mexíamora; en lo menos esperado, le saldrá un carruaje maldito por la Plaza del Baratillo, o si decide acudir a los ríos guanajuatenses, de seguro escuchará a la Llorona... de no tener suerte tendrá que volver a rondar dichos lugares…

 

Para saber más

 

·   Aguilar Zamora, Rosalía & Sánchez Tagle, Rosa Ma. De vetas, valles y veredas. México: Ediciones La Rana, 2002.

·   Almanza Carranza, Ezequiel. Relatos y sucedidos de Guanajuato. León, Gto., México, 5ª edición, 1972.

·   Álvarez del Real, María Eloisa. Diccionario de términos literarios y artísticos. Panamá: Editorial América, 1990.

·   Appendini, Guadalupe. Leyendas de provincia. México: Editorial Porrúa, primera edición 1996.

·   Barajas, Carlos. Leyendas y paisajes guanajuatenses. México: Librería de la Vda. de Ch. Bouret, 1916.

·   Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Editorial Crítica, 1977.

·   Castillo, Alma Yolanda. Encantamientos y apariciones. Análisis semiótico de relatos orales recogidos por Tecali de Herrera. Puebla, México: INAH, 1994.

·   Cassirer, Ernest. Filosofía de las Formas Simbólicas. México: Fondo de Cultura Económica,  1985, 3 Volúmenes.

·   Estébanez Calderón, Demetrio. Diccionario de términos literarios. Madrid: Alianza Editorial, 1996.

·   Gante, Carlos de. Cuentos Históricos Guanajuatenses. Puebla, México: Tip. Gante-Diazsanciprian, núm. 16, 1908.

·   García, Andrés. Guanajuato histórico y legendario. México, 1971.

·   García, Andrés. Guanajuato maravilloso y legendario. México, D.F., 2ª edición, 1969.

·   Gómez de Silva, Guido. Diccionario Internacional de Literatura y Gramática. México: Fondo de Cultura Económica, 1ª reimpresión en español, 2001.

·   Jáuregui de Cervantes, Aurora. Relato histórico de Guanajuato. México: Ediciones La Rana, 1ª reimpresión, 1998.

·   Lanuza, Agustín, Romances, tradiciones y leyendas guanajuatenses. México, 3ª edición, 1950.

·   Leal, Manuel. Croniquillas de Guanajuato, Notas de Mariano González Leal. Guanajuato, México: Gobierno del Estado de Guanajuato, 1ª edición, 2009.

·   Leal, Manuel. Relatos de vivos y muertos y motivos guanajuatenses. México: Ediciones Valadés, 1972.

·   Leyendas, cuentos, fábulas, apólogos y parábolas. Antología. México: Editorial Emilio Rojas, 1993.

·   Marmolejo, Lucio Pbro. Efemérides Guanajuatenses, Reedición Conmemorativa del VIII Concurso Fraternal, con motivo del CCXXXV Aniversario del Antiguo Hospicio de la Santísima Trinidad, hoy Universidad de Guanajuato. México: Universidad de Guanajuato, 1967.

·   Ponce de León, Salvador. Guanajuato en el Arte en la Historia y en la Leyenda. México D.F.: Ed. La impresora Azteca, 1973.

·   Prado, Juan José. Leyendas y tradiciones guanajuatenses. México: Editorial Prado Hnos., 1964.

·   Scheffler, Lilian. Cuentos y leyendas de México. Tradición oral de grupos indígenas y mestizos. México: Panorama, 1982.

Entrevistas

·   Marín Rodríguez, Luis, el 2 de mayo 2008 por Gabriel Medrano de Luna en la Casa Museo Gene Byron, Guanajuato, Gto.



[1] Guido Gómez de Silva, Diccionario Internacional de Literatura y Gramática (México: Fondo de Cultura Económica, 1ª reimpresión en español, 2001), 314.

[2] Véase Demetrio Estébanez Calderón, Diccionario de términos literarios (Madrid: Alianza Editorial, 1996), 614; Guido Gómez de Silva, Diccionario Internacional de Literatura y Gramática (México: Fondo de Cultura Económica, 1ª reimpresión en español, 2001), 314-315; María Eloísa Álvarez del Real, Diccionario de términos literarios y artísticos (Panamá: Editorial América, 1990), 188; Alma Yolanda Castillo, Encantamientos y apariciones. Análisis semiótico de relatos orales recogidos por Tecali de Herrera (Puebla, México: INAH, 1994), 442; Lilian Scheffler, Cuentos y leyendas de México. Tradición oral de grupos indígenas y mestizos (México: Panorama, 1982), 9; Leyendas, cuentos, fábulas, apólogos y parábolas. Antología (México: Editorial Emilio Rojas, 1993), 9-10.

[3] Samuel Johnson, en: Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Barcelona: Editorial Crítica, 1977).

[4] Véase Demetrio Estébanez Calderón, Diccionario de términos literarios (Madrid: Alianza Editorial, 1996), 243; Guido Gómez de Silva, Diccionario Internacional de Literatura y Gramática (México: Fondo de Cultura Económica, 1ª reimpresión en español, 2001), 162; María Eloísa Álvarez del Real, Diccionario de términos literarios y artísticos (Panamá: Editorial América, 1990), 57-82.

[5] Fue hasta 1556-1560, con el descubrimiento de los primeros yacimientos de minerales, uno de los cuales se llamó San Bernabé, cuando realmente se sentaron las bases de lo que sería el Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato. De este descubrimiento también da cuenta el padre Lucio Marmolejo en sus Efemérides guanajuatenses. Véase: Aurora Jáuregui de Cervantes, Relato histórico de Guanajuato (México: Ediciones La Rana, 1ª reimpresión, 1998), 19-20; Marmolejo, Lucio, Efemérides Guanajuatenses (México, Universidad de Guanajuato, 1967), 115. Consúltese también: Rosalía Aguilar Zamora & Rosa Ma. Sánchez Tagle, De vetas, valles y veredas (México, Ediciones La Rana, 2002), 23.

[6] Véase: Aurora Jáuregui de Cervantes, Relato histórico de Guanajuato (México: Ediciones La Rana, 1ª reimpresión, 1998), 23-148.

[7] Véase: Salvador Ponce de León, Guanajuato en el Arte en la Historia y en la Leyenda (México, D.F.: Ed. La impresora Azteca, 1973)

[8] Publicado en El Universal, el 29 de junio de 1967, y retomado por Salvador Ponce de León para su libro, ya que el texto refiere a su obra. Véase Salvador Ponce de León, Guanajuato en el Arte en la Historia y en la Leyenda (México, D.F.: Ed. La impresora Azteca, 1973).

[9] Salvador Ponce de León, Guanajuato en el Arte en la Historia y en la Leyenda (México, D.F.: Ed. La impresora Azteca, 1973), 22.

[10] Con calzoniar se refiere a que iba a platicar con la novia.

[11] Entrevista hecha a Luis Marín Rodríguez, el 2 de mayo 2008 por Gabriel Medrano de Luna en la Casa Museo Gene Byron, Guanajuato, Gto.

 

Escribir comentario

Comentarios: 0