Arco triunfal de la Calzada. De arte efímero a símbolo permanente de identidad leonesa

José de Jesús Acosta Pérez

Facultad de Arquitectura, Universidad de La Salle Bajío

 

El origen de la celebración independentista en México se remonta a la década posterior al inicio de la insurgencia. Aunque hubo pequeñas conmemoraciones cívicas aisladas, fue a partir de 1825 -previa declaratoria del Congreso en 1823 como día de fiesta nacional-, que se realizó el primer festejo encabezado por el presidente Guadalupe Victoria, quien llevó a cabo una rememoración del grito de Dolores, bailes y un gran carnaval organizado por una junta patriótica.[1] A partir de 1845 Antonio López de Santa Anna estableció la ceremonia oficial del grito, en la que inicialmente la Iglesia formaba parte de la celebración; no obstante, a partir de la promulgación de las Leyes de Reforma, se volvió una ceremonia netamente civil que alcanzó su esplendor en la época porfiriana, precisamente durante la conmemoración del Centenario de la Independencia de México.

En el proyecto de estado-nación que se tenía para México, era importante construir un sentido de pertenencia e identidad, un imaginario colectivo a partir de un pasado común, donde los monumentos eternizarían la memoria de los héroes, sus valores y los sucesos que alientan el sentido patriótico.



[1] Salmerón, Luis A. Noticias de la celebración del grito de Independencia de 1810”, en: Relatos e historias en México, no. 97, (septiembre, 2016), disponible en: http://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/noticias-de-la-celebracion-del-grito-de-independencia-de-1810

 

 

 

Los monumentos y la celebración de la independencia

Los monumentos que se construyeron para celebrar la Independencia de México, casi siempre tuvieron una condición de verticalidad, y fueron plasmados en columnas u obeliscos. El primer monumento erigido para conmemorar este hecho histórico fue una columna en la ciudad de Celaya, Guanajuato, en al año de 1823; aunque inicialmente había sido construida en honor al rey Carlos IV, en 1791, se acondicionó y colocó un águila imperial para lograr el fin deseado. Posteriormente, hubo sucesivos intentos, como el de Santa Anna en 1843, para construir otra columna conmemorativa; sin embargo, solo llegó al Zócalo, pues la inestabilidad política y económica, no lo hicieron posible. Durante el período de paz porfiriana, con una conciencia que como nación había permitido la construcción de un pasado que destacaba las épocas y los héroes, se retomó la idea; particularmente en la primera década del siglo XX y, aunado a la cercanía de la conmemoración del Centenario de la Independencia de México, se construyeron diversos monumentos conmemorativos en todo el país; algunos a manera de columnas, por ejemplo el de Chihuahua (1899), así como en Tampico, Guadalajara, Querétaro, Guanajuato y, el más conocido, el Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, todos estos en 1910. También se construyeron otros elementos conmemorativos no tan comunes, como el reloj chino y el reloj otomano en la Ciudad de México, el de Pachuca y la bola de agua en Celaya.

 

Los arcos de triunfo como monumentos conmemorativos

Los arcos de triunfo son estructuras que se originaron en Roma para celebrar las victorias militares de un general, debido a que en su regreso -después de que el Senado había declarado su triunfo-, desfilaban debajo de estos junto a su ejército, prisioneros de guerra y botín. Los arcos se ubicaban en la entrada de las ciudades, en las vías más importantes, y en las fronteras. Inicialmente, se construyeron de madera, con lienzos pintados que se decoraban con las armas del enemigo, a modo de trofeos; empero, con la idea de inmortalizar al homenajeado, comenzaron a construirse de ladrillo y luego de mármol con el afán de perpetuar la grandeza de Roma, siendo también utilizadas las columnas conmemorativas sobre un pedestal.

En el Renacimiento los gobernantes retomaron ésta práctica y los arcos se utilizaron para recibir a los reyes en las visitas a sus dominios, en las coronaciones y bodas reales. En México, se utilizaron de la misma manera para recibir a los virreyes en su entrada triunfal hacia la Ciudad de México; en la entrada de Santa Anna; en la consumación de la Independencia de México; para recibir al emperador Maximiliano de Habsburgo y, finalmente, en los recorridos de Porfirio Díaz por el país, como un culto a su persona. Incluso, esta usanza se continuó con los presidentes hasta los años cuarenta del siglo pasado.

En la época virreinal se utilizaron para celebrar las canonizaciones de Santos, inauguraciones de catedrales, o marcar los recorridos de las festividades religiosas donde transitaban las procesiones. Tenían una función propagandística como en Roma, para exaltar el poder de la Iglesia con programas iconográficos y, en plena época barroca, adquirieron un aspecto teatral escenográfico.

Esta arquitectura efímera se realizaba con materiales baratos y no perecederos, con una estructura a base de madera, caña y generalmente eran recubiertos con tela, cartón, papel, vegetación, terminados con estuco, escayola y pintura de cal; así, estos deslumbraban por su monumentalidad, su diseño original y, en ocasiones, fantasía, así como los elementos ornamentales utilizados, como tapices, pinturas, esculturas, escudos, banderas, guirnaldas, espejos y candelabros. “No obstante que se trataba de obras que solo duraban expuestas unas cuantas semanas, muchos de sus elementos se volvían a reutilizar, principalmente la estructura y los lienzos, ya que los primeros conformarían la base de nuevos arcos y los últimos se volvían a repintar”.[1]

Así, de un carácter conmemorativo militar marcado en su ornamentación, se pasó a su uso de carácter civil, a las conmemoraciones de eventos extraordinarios; como es el caso del arco triunfal de Barcelona, erigido en 1888, y que marcaba la entrada a la avenida que conducía al recinto de la Exposición Universal.

 

La Calzada de los Héroes como espacio de paseo y conmemoración

La Historia de la Calzada de los Héroes reviste especial importancia ya que no puede desligarse de la existencia del arco, siendo este el contexto físico en el cual se gesta su nacimiento.

La entrada a la ciudad se realizaba por el antiguo camino de la Luz, que concluía en la plaza de Santiago -hoy Mercado República-. Con el ascenso de los Borbones y sus políticas para aumentar la recaudación de impuesto hacia el último cuarto del siglo XVIII, se estableció un nuevo acceso con una garita para el cobro, y un nuevo puente que fue conocido como de las ovejas, el cual comunicaba directamente con el centro de la población a través de la Calle del Sol -luego Real de Guanajuato y actualmente Madero-; sin embargo, pronto quedó en condiciones ruinosas y el área convertida en un lugar insalubre.

Ante esta situación, en el año de 1838, se determinó dignificar la entrada de la ciudad con una Calzada a la manera del urbanismo barroco; el trazado de un camino recto, libre de obstáculos, con amplias perspectivas en donde los elementos vegetales pudiesen acomodarse, y donde la vista se fugara fácilmente hacia el campo. De tal manera que para 1849, ya se había concluido el puente que atravesaba el río y, para 1870, una calzada central enladrillada para peatones y dos laterales para los vehículos delimitados por un banco corrido de mampostería.

Después de la terrible inundación de 1888, se decidió construir un dique o malecón para proteger de las inundaciones a la ciudad. Comenzó pues a edificarse, siguiendo el borde del río, desde la plaza de Santiago, hasta el puente de la Calzada, en cuyo costado se inauguró una vialidad en 1892 que recibió el nombre de Paseo Colón en honor al descubridor de América, con motivo del IV Centenario del suceso. La calzada se constituyó en el lugar de paseo favorito de la sociedad leonesa, aumentado por la definición de un circuito que iniciaba en la calle Real de Guanajuato, Calzada, Mercado República y retornaba por la calle Progreso. Entonces ya se llamaba Calzada de los Héroes, porque era la intención colocar las estatuas de algunos héroes de la Patria en los pedestales construidos exprofeso, de la misma manera que a partir de 1889 se comenzaron a colocar en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México.

 

La construcción del Arco de la Paz y su relevancia como monumento

Hacia 1893 la ciudad de León había retomado un nuevo rumbo, encontrándose en un proceso de bonanza y crecimiento por sus actividades agrícolas, comerciales e industriales. Si bien no había tenido una relevancia como sede del poder político que permitiera la celebración de eventos cívicos, es un hecho que el progreso había permitido que los residentes locales tuviesen contacto con las dinámicas de otras ciudades, de los ideales modernos y diversos estilos de vida; todo esto sumado a la presencia de extranjeros que impulsaban cambios en los hábitos modernos.

El ingeniero Pedro Tejada León propuso la edificación de un arco triunfal, proyecto que fue bien recibido y los comerciantes, plantearon la construcción de un arco adicional en la entrada a la calle Real de Guanajuato, inmediato a la plaza. El primer proyecto de arco se realizó con madera de pino, misma que fue traída por medio de ferrocarril desde el estado de Durango. La estructura se realizó con pies derechos y tablones, para los paños se utilizaron lienzos de tela de algodón y cáñamo fijados a tableros de madera o en algunos tramos tableros de carrizo que se revocaron con yeso. Todos los elementos estaban sujetos con clavijas o tarugos de madera, lengüetas, espigas y pasadores. Las cornisas se realizaron con cartón piedra y todo ello fue pintado al temple. Con el fin de evidenciar la modernidad que entonces se vivía, se incluyó en el proyecto luz eléctrica, con bombillas ubicadas en el perímetro del arco y un candil que colgaba del centro alimentado por un generador eléctrico accionado por vapor. En el resto del paseo se colocaron hileras de farolillos de colores y farolas blancas.

La celebración del 16 de septiembre estuvo acompañada por la inauguración del traslado previo de las estatuas que existían en la plaza principal a los pedestales, un concurso de coches adornados con vegetación y flores, serenatas y el encendido de la iluminación del arco. Fue tal el éxito que unos días después, precisamente el 25 de septiembre, en sesión de Cabildo se decidió realizarlo en cantera para que pudiera ser apreciado de manera permanente, solicitándose el apoyo de particulares.

El emplazamiento de una obra conmemorativa reviste especial importancia por el valor simbólico del sitio escogido y como menciona Gutiérrez:

“En general se busca colocarlos en un lugar donde no puedan ser opacados por otras construcciones, por el crecimiento de los árboles que los rodean o incluso por la propaganda urbana. En los espacios incluso se toma en cuenta la función de los rayos solares al iluminar el monumento para agrandar su enlace visual. Amplias avenidas, parques, plazas crean una atmósfera precisa, dan el aire limpio que los envuelve y el entorno apropiado, el magnífico escenario para su lucimiento”.[2]

Qué mejor sitio que la Calzada de los Héroes que remataba la calle Real de Guanajuato, teniendo como fondo de contraste la arboleda. Al igual que en otras ciudades la ubicación de estos monumentos coincidía con la dirección de las nuevas áreas de crecimiento de la ciudad.

El Arco se concluyó en 1896 y, aunque inicialmente se llamó Arco Aldama, se le cambió la denominación por Arco de La Paz, probablemente para estar a tono con el evidente apoyo hacia el régimen porfirista, que había traído la paz, la victoria y el progreso al país; posteriormente, se colocaron tres estrellas que representaban al Ejército de las tres Garantías: religión, libertad y unión. No obstante, de manera popular fue conocido bajo el seudónimo de Arco de la Calzada.

Aunque recién iniciado el siglo XX se manifestó la idea de colocar una escultura de un León que simbolizará la fuerza del trabajo, fue hasta el año de 1945 cuando el industrial Francisco Lozornio costeó la construcción de uno de ladrillo y cemento, aunque de escaso valor artístico. En 1957, se sustituyó por la escultura de bronce del escultor yucateco Humberto Peraza y Ojeda, misma que fue promovida por el torero leonés Antonio Velázquez. Posteriormente, este fue constituyéndose en el elemento emblemático que identifica la ciudad y el ser leonés, donde se inician festividades y desfiles importantes, así como celebraciones cotidianas.

Puede decirse que León es de las pocas ciudades en el mundo que posee un arco conmemorativo como monumento; aunque muchas veces se han confundido con puertas que enmarcan accesos, como puntos de control en las ciudades o que han formado parte de una muralla. Es también el más antiguo en México, seguido por el Arco de la Independencia en Monterrey, que fue inaugurado en 1910. Podría decirse que es uno del par que fueron construidos de manera efímera y se convirtieron en permanentes, como sucedió con el Arco de Washington Square en 1889, construido en madera y yeso para ser reedificado con mármol entre 1892 y 1895, para la conmemoración del Centenario de la Toma de Posesión de la Presidencia de George Washington, lo que lo constituye como parte de nuestros sitios patrimoniales a conservar y base de nuestra identidad local.

 

Para saber más:

·        Chiva Beltrán, Juan. 2012. “Arcos efímeros mexicanos: De la herencia hispánica al nacionalismo artístico”. SEMATA Revista electrónica de la Universidad de Santiago de Compostela, no. 24:193-212, disponible en: http://www.usc.es/revistas/index.php/semata/article/view/1090

·        Gutiérrez Viñuales, Rodrigo. 2004. Monumento conmemorativo y espacio público en Iberoamérica, (Madrid: Cátedra)

·        Lira, Sostenes J. 1914. Efemérides de la ciudad de León. Colección de datos y documentos para la historia de la misma población recopilados por J. Sóstenes Lira. (León: Imprenta de J.M. Rivera)

·        Lira, Sostenes J.  1905. Efemérides de la ciudad de León. (León: Edición de la Empresa Económica de Grafica Escolar, S. A.)

·        Pérez Salas C., María Esther. 2010. “Los arcos triunfales en las fiestas del centenario”, en: Revista BiCentenario, El ayer y hoy de México.  Vol. 3, no. 9, (septiembre), disponible en: http://revistabicentenario.com.mx/index.php/archivos/category/revistanumero/bicentenario-9/

·        Salmerón, Luis A. 2016. Noticias de la celebración del grito de Independencia de 1810”, en: Relatos e historias en México, no. 97, (septiembre), disponible en: http://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/noticias-de-la-celebracion-del-grito-de-independencia-de-1810

REFERENCIAS HEMEROGRÁFICAS

·        El Pueblo Católico, 24 de septiembre, 1893, León, Gto.

·        El Pueblo Católico, 8 de octubre, 1893, León, Gto.

Pie de fotos:

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Arco Triunfal para recibir a Maximiliano de Habsburgo en Celaya en 1864. Fuente: http://elsenordelhospital.blogspot.mx/2013/11/1864-preparativos-para-la-visita-de.html

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Arco Temporal dedicado a la esposa de Porfirio Díaz en su Visita a Guanajuato en 1910; inspirado en el Arco de Triunfo de París. Fuente: Archivo Histórico de Guanajuato.

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Arco triunfal forrado con vegetación para recibir al gobernador Joaquín González Obregón, en Irapuato, Guanajuato, a principios del siglo XX. Fuente: http://vamonosalbable.blogspot.mx/2015/08/arcos-triunfales-el-modo-de-conmemorar.html

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Inicio de la calzada en el cruce del paseo Colón y el puente sobre el río, principios del siglo XX. Vista de la calzada peatonal hacia 1920. Fuente: http://www.mexicoenfotos.com/

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Acuarela de la propuesta del Arco triunfal de madera en 1893, por el Ing. Pedro Tejada León. Fuente: Archivo Histórico Municipal de León.

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Construcción del arco triunfal de cantera en 1896.  Fuente: Archivo Histórico Municipal de León.

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Arco de la Paz, hacia 1930. Fuente: flickr.com/potos/daviddg

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Arco de la Calzada con el León de Bronce realizado por el escultor Peraza en 1957.

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Postal del Arco de la Independencia en Monterrey, inaugurado en 1910. 

Cortesía de José de Jesús Acosta Pérez. Fragmento de postal del Arco del Triunfo (1895) en Washington Square mismo que, al igual que el de León, pasó de ser un monumento efímero a permanen



[1] Pérez Salas C., María Esther. “Los arcos triunfales en las fiestas del centenario”, en: Revista BiCentenario, El ayer y hoy de México.  Vol. 3, no. 9, (septiembre, 2010), disponible en: http://revistabicentenario.com.mx/index.php/archivos/category/revistanumero/bicentenario-9/

[2] Gutiérrez Viñuales, Rodrigo. Monumento conmemorativo y espacio público en Iberoamérica, (Madrid: Cátedra, 2004)

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