Breve Historia de la Alameda Hidalgo en Celaya

Estefanía Juárez Herrera

 Museo de Celaya, Historia Regional

Durante el segundo intento por una instaurar una república centralista en México, y en medio de un gran descontento, el general Antonio López de Santa Anna nuevamente asumió el poder en el año de 1844. Existen opiniones dispares respecto a ésta administración pública, pues algunos consideran que se trató de un gobierno prolongado, con excesos en sus impuestos, y en la cual se derrochaba el mermado erario público a través del ejército, conmemoraciones cívicas,  desfiles y fiestas militares; sin embargo, y para el tema que nos ocupa en el presente texto, durante su último período en la administración (1853-1855), López de Santa Anna también instauró en la Ciudad de México la “Sociedad de Mejoras Materiales”, misma que tenía como principal objetivo el remozamiento de calles, el embellecimiento de parques y plazas.

Esta organización creada para el saneamiento público pronto tuvo eco en diversas poblaciones del país, pues para los mexicanos resultaba una acción fructífera después de haberse encontrado en guerra y constantes revueltas civiles durante más de cuarenta años y, para el mes de noviembre, en el año de 1853, finalmente quedó establecida en la ciudad de Celaya la “Junta Auxiliar de Mejoras Materiales”; quedando  integrada por: Luis G. Mujica, como presidente; Agustín García, en el cargo de vicepresidente, Jesús Madrigal, como primer secretario y José María Oviedo como segundo secretario.[1]

Una de las primeras acciones de la asociación establecida en la ciudad fue el empedrado de algunas calles céntricas que aún carecían de este servicio, así como la implantación de una oficina de telégrafos y la planeación de un nuevo parque en Celaya a un costado del Santuario de la Virgen de Guadalupe, en lo que llegó a ser una de las fuentes naturales más abundantes de la zona, la antigua ciénaga conformada por derrames naturales del río La Laja. Incluso, este sitio pantanoso había intentado rescatarse desde varias décadas atrás, precisamente con la intención de formar un jardín debido a las constantes peticiones de los feligreses que acudían a esa zona a profesar su culto religioso.[2]

La primera tarea para llevar a cabo la construcción del jardín mencionado fue la limpieza de los terrenos, debido a que en aquel entonces, se trataba de un paraje desolado, únicamente se encontraba el Santuario guadalupano y un par de baños públicos al poniente, mismos que funcionaban a través de las aguas termales del lugar. El cauce que por aquí cruzaba llevaba su corriente cristalina y, en tiempos de lluvia, su nivel se acrecentaba de manera considerable, siendo precisamente la saturación hídrica en el suelo lo que hizo difíciles los trabajos.[3] Posteriormente, se llevó a cabo el trazo del paseo, las líneas para la plantación de árboles, prados y jardines, así como la planeación de algunas bancas de cal y canto, lo que terminaría de convertirlo en un agradable lugar para el esparcimiento de las familias celayenses en la que originalmente fue denominada “Alameda Victoria”; [4] siendo curioso este hecho debido a que en la Ciudad de México esta denominación le fue otorgada al parque homónimo debido a la plantación de numerosos álamos,[5] acontecimiento que no ocurrió en esta ciudad, sino que la siembra se basó en el árbol de laurel.

Los años consecutivos serían complicados para el país, el transcurrir del conflicto entre liberales y conservadores, la segunda intervención francesa, así como los pronunciamientos rebeldes durante la restauración de la República no hicieron posible continuar con el embellecimiento de la ciudad, pues su crecimiento material fue interrumpido. Desde entonces no se había logrado un progreso notable en su estructura ni sus plazas públicas, lo que tuvo como consecuencia que los habitantes de esta ciudad no acostumbraran acudir a la alameda, pues era considerada muy alejada del centro y sólo la usaban pocas familias para dar la vuelta en sus carros tirados por caballos.

Con la consolidación del gobierno del general Porfirio Díaz, se reiniciaron con dedicación los trabajos para rehacer las infraestructuras del jardín y mejorar su imagen. Desde entonces todo fue innovación. El Estado se empeñó en mostrar la grandeza de esta nación, así como su refinamiento, con palacios, monumentos, amplias avenidas, kioscos para audiciones musicales, fuentes, bancas de hierro fundido y todo cuanto exigía la bella época en sus parques. Incluso, en la Alameda Hidalgo se encuentran tres esculturas vaciadas en hierro que personifican deidades griegas, estas son de origen francés y precisamente datan de la época del porfiriato; fueron obsequiadas por el gobierno en 1910, como parte de la celebración del Centenario de la Independencia.

La última década del siglo XIX, así como la primera del siglo XX, fueron el escenario para la instalación de varias residencias de estilo inglés en los alrededores de este jardín; entre las que se destacan los chalets de la familia Valenzuela, Molina y los Herbert. Sin embargo, aún tuvieron que transcurrir un par de años más para que esta zona de la ciudad pudiera poblarse de manera regular.

Fue en el año de 1923, en el mes de enero, cuando el Ayuntamiento de nuestra cuidad invitó al señor Jorge S. Herbert -quién años anteriores se había desempeñado en una prestigiosa compañía de luz-, a instalar el alumbrado público en varias calles de Celaya. Esta costosa empresa no tendría que llevarla a cabo solo, sino que se sumaría sus esfuerzos con los del Ing. Eduardo J. Jordan, entonces gerente local de la Central Mexico Light and Power Company. Siendo importante precisar que su trabajo vital sería con el emplazamiento de varias lámparas eléctricas en el paseo denominado de la alameda a fin de mejorar su aspecto integral, así como la seguridad pública.[6]

El alumbrado público, sin duda, fue un factor determinante para la urbanización en los alrededores del parque; incluso, en el año de 1929, el Coronel José Chapa, entonces jefe de Hacienda, decidió iniciar el primer fraccionamiento en la localidad, que fue denominado colonia Cuauhtémoc. Cuando inició la venta de terrenos, estuvo como encargado del proyecto el arquitecto Víctor Echeverría y Prado, quien tuvo entre sus primeros clientes al señor Agustín Arroyo Ch.[7] El nuevo fraccionamiento residencial se proyectaba como un lugar de lujosas viviendas; sin embargo, pronto comenzó a existir un conflicto latente entre sus habitantes y la administración municipal debido a la desatención del parque en lo que correspondía a su empedrado, cuidado de calles, riego diario del jardín principal, así como los servicios públicos de los que se abastecía la zona. [8] Incluso, en los diarios municipales podemos encontrar diversas notas solicitando el cuidado de la alameda y haciendo constantes denuncias por el descuido en su interior:

 “La Alameda en Completo abandono y con mucha razón se puede considerar no como un paseo sino como campo yermo en donde los ventarrones levantan espesas nubes de tierra que hacen imposible el tránsito por ese lugar”. [9] […] Se encuentra en pésimo estado de desaseo por la negligencia del regidor encargado, urge pues que se mande limpiar para evitar las críticas de los visitantes”. [10] “En busca de esparcimiento y distracción nos encaminamos a la Alameda y con poco agrado se advierte el mal aspecto que ofrece dicho lugar de recreo más cuando el invierno tiene agostados los arboles y pocas plantas. Notamos que por la calle de las playas se levantan verdaderos himalayas de basura y la meza crece tanto o igual que en pleno monte. Eso es seguramente descuido de los encargados y dueños de las casas de dicha calle”.[11]

La principal preocupación de los vecinos surgía por ser este uno de los sitios por los que cruzaba una ruta de los tranvías y el paso de los autos que salían de la estación de ferrocarril en Celaya, razones por las que todo viajero que visitara la ciudad podría percatarse del desorden y descuido de esta parque en la ciudad, lo que se temía se tradujera en un detrimento de la cultura y el progreso celayense.

Como solución a este inconveniente, en el año de 1930 se formó una nueva Junta de Mejoras Materiales, misma que fue presidida por María Villanueva de Usabiaga, quien tuvo como principal objetivo el recaudar dinero para subsanar los desperfectos de la alameda, para cual –a la vieja usanza-, decidió organizar corridas de toros y recaudar dinero con las ventas de los boletos. Resultando con gran éxito las labores de la junta mencionada, quince años después continuaban realizándose eventos públicos para la búsqueda de mecenas que contribuyeran al ornato público, por lo que en el mes de junio, pero del año 1945, pudo recaudarse el peculio suficiente para renovar y pintar las bancas de la Alameda; incluso, se colocó una jaula con simios y se planeó introducir algunas aves y ardillas para que dentro del jardín pudieran reproducirse y hacer de este un lugar de conservación silvestre. Es importante también mencionar que durante la administración de Salvador Ponce, en la década de los cuarenta, fue cuando se donó para esta plaza la Ninfa Tetis, misma que nos ocupará un espacio fundamental en las próximas líneas.[12]

Continuó eligiéndose cada año un regidor encargado del cuidado de la alameda y sus prados, convirtiéndola de esta manera en uno de los jardines más visitados del municipio y uno de los principales escenarios para el calendario cívico, carnavales, festivales escolares y, por supuesto, audiciones musicales de la Banda Municipal.[13] Se plantaron nuevos árboles y, los habitantes de la Colonia Cuauhtémoc y antiguos chalets, cooperaron para reconstruir y mejorar sus avenidas.[14] Posteriormente, patrocinados por la Agencia General de la Secretaría de Agricultura y la presidencia municipal de esta ciudad, se inauguró en la alameda la “semana del árbol”, proyecto mediante el cual el municipio mostraba su disposición para continuar haciendo plantaciones de árboles nuevos y consolidar la alameda como una de las plazas más bellas de la ciudad. Esta semana se celebraba al inaugurarse el temporal de lluvias y se reforestaban las calzadas y caminos, decidiendo tomar esta fecha para su arranque para evitar el fracaso en su desarrollo.[15]

 

La Ninfa Tetis

En el año de 1934, el político Manuel Balderas Valenzuela, originario de esta ciudad, obsequió para Celaya una escultura de hierro colado fabricada por el artista francés Louis Sauvageau, misma que fue colocada en el año de 1945 en el centro del jardín de la Alameda, dentro de una pila de agua. En pocos años el depósito se deterioró y la pieza de 1.90 metros fue removida de su lugar original y trasladada a la Calzada Independencia.

Posteriormente durante la administración de Jesús Gómez de la Cortina, en la década de los años cincuenta, se planeó el monumento conmemorativo al Cura Miguel Hidalgo y Costilla, con motivo del CL Aniversario del inicio de la insurgencia, mismo que sería colocado en el lugar que reposaba la Ninfa Tetis, motivo por el cual fue depuesta de la famosa calzada para ser reubicada en el inicio de la avenida Guillermo Prieto. Posteriormente, con el dinero obtenido en las fiestas de navidad, le fue construido un camellón que conserva hasta nuestros días, siendo actualmente una de las efigies representativas del municipio, aunque no siendo única en su especie, pues se conocen al menos cinco piezas idénticas más de la misma época y autoría, ubicadas en Morelia, Michoacán; Ciudad de México; Mérida, Yucatán; Río de Janeiro, Brasil y Toledo, Ohio, Estados Unidos de Norteamérica.[16]

 

El Kiosco

Durante la administración del Dr. Octavio Lizardi, y con el afán del embellecimiento y el brindar un espacio digno en la ciudad para audiciones musicales de la Banda Municipal, se mandó edificar un kiosco en el centro de la Alameda; siendo el encargado de la obra el ingeniero J. Jesús Pérez Baiza. Al entregar éste su proyecto, el diseño original consistía en una construcción mozárabe, con algunas celosías y nervaduras en el techo; no obstante, el presupuesto con el que se contaba originalmente no fue suficiente para llevar a cabo tan ostentosa obra, por lo que hubo de hacérsele algunas modificaciones. Sin embargo, esta construcción mejoró la imagen de éste parque y actualmente es considerado como uno de los más bellos en el país.[17]

Siendo importante mencionar también que, actualmente es una de zonas de congregación más importantes para la ciudadanía, así como el escenario principal de nuestra Banda Municipal y la sede de APlaCe , una institución que apoya a los artistas locales y que además tiene su galería de exposiciones en la parte inferior de esta soberbia edificación.

 

Santuario de Guadalupe

En el año de 1746, mientras fue alcalde en esta ciudad Francisco Eligio de la Fuente, se decidió construir un nuevo sitio para rendir culto religioso a la Virgen de Guadalupe, pues aunque ya se celebraban fiestas y danzas en su honor en el Barrio de Tierras Negras, no toda la población acudía hasta ese lugar para celebrar su devoción, pues desde tiempo atrás, la gente que habitaba en el actual centro histórico, o la traza inicial de la ciudad, conservaba las antiguas usanzas de no penetrar en los barrios, pues originalmente únicamente los indios acudían a recibir los sacramentos en esas zonas, que desde un primer momento, en la fundación de la ciudad, habían quedado marcadas como las periferias para el desarrollo habitacional indígena.

El terreno elegido para la nueva edificación del santuario guadalupano fue cercano a la actual alameda, a pesar de existir el inconveniente del agua que formaba la ciénaga, por lo que se decidió levantar poco más de un metro la construcción sobre el nivel original y a la misma altura se dejó una plazoleta o atrio para el mismo templo. La construcción fue hecha con muros de piedra volcánica y el piso era de ladrillo en barro recocido, siendo de manufactura muy rústica. [18]

Durante sus primeros años este escenario solo era visitado por la feligresía para oír misa, pues en realidad era un lugar deshabitado y desolado, donde incluso el terreno dificultaba el tránsito. Inclusive, este sitio fue precisamente evitado por la sociedad celayense durante ciertos períodos de la Historia en la ciudad; por ejemplo, durante el porfiriato, pues aunque en la ciudad hubiera renacido cierta calma, se había desatado un temido y escandaloso bandidaje en toda la región del Bajío, y en otros muchos lugares del país, que intentaba ser reprimido a través de ejecuciones en paredones de fusilamiento improvisados por la ciudad; entre ellos, los muros de este Santuario:

“[…] seguían las partidas de levantados en armas dándole qué hacer al Gobierno; y como el Jefe de la guarnición de Celaya hacía frecuentes salidas por los alrededores con objeto de escarmentar a los ladrones, eran muy frecuentes en la ciudad las ejecuciones de la gente maleante que lograba capturar; no sin que entonces, las escenas de esos fusilamientos, que tenían lugar en el Panteón Municipal o contra los muros del "Santuario de Ntra. Sra. de Guadalupe", en plena "Alameda" de la población, suscitaran la conmiseración y el espanto de los vecinos […]”. [19]

Finalmente durante la época posrevolucionaria se devolvió la tranquilidad a este sitio y el Santuario recuperó su congregación y visitas constantes. Incluso, a partir de entonces, se le han ido realizando modificaciones constantes y mejoras estéticas, principalmente desde la década de los sesenta del siglo XX, cuando se hizo un segundo piso para oficinas del sacerdote y se le dio amplitud a la nave, abriendo puertas al Oriente. Posteriormente, el templo también fue resanado y pintado, renovándose también las pinturas de la cúpula.[20]

 

Para saber más:

·  Carreño de Maldonado, Abigail. 1998. Celaya de siempre, Celaya, Guanajuato: Alex, Impresos Comerciales.

·  Ribera Carbó, Eulalia. 2013. “Alameda Central de la Ciudad de México. Cuatro siglos de remodelaciones”, en: Revista Bicentenario, el ayer y hoy de México, núm. 20, (septiembre).

·  Soldara Luna, Rafael. 2209. Luis Sauvageau y la Ninfa que lo inmortalizó. Celaya, Guanajuato: COCOEBA.

·  Velasco y Mendosa, Luis. 1947.  Historia de la Ciudad de Celaya, Tomo II, México, D.F.: Imprenta Manuel de León Sánchez, S.C.L.

·  Velasco y Mendosa, Luis. 1949. Historia de la Ciudad de Celaya, Tomo IV, México, D.F.: Imprenta Manuel de León Sánchez, S.C.L.

ARCHIVO HISTÓRICO:

·  Archivo Histórico Municipal de Celaya

FUENTES HEMEROGRÁFICAS:

·  El Informador, periódico independiente de la vida regional.

 



[1] Velasco y Mendosa, Luis. Historia de la Ciudad de Celaya, Tomo II, (México, D.F.: Imprenta Manuel de León Sánchez, S.C.L., 1947), 186.

[2] Carreño de Maldonado, Abigail. Celaya de siempre, (Celaya, Guanajuato: Alex, Impresos Comerciales, 1998), 120.

[3] Ibídem, 108.

[4] Ibídem, 121-122.

[5] Ribera Carbó, Eulalia. “Alameda Central de la Ciudad de México. Cuatro siglos de remodelaciones”, en: Revista Bicentenario, el ayer y hoy de México, núm. 20, (septiembre), 2013

[6] Libro 304, Enero-Febrero 1923, Archivo Histórico Municipal de Celaya.

[7] Carreño de Maldonado, Abigail. Celaya de siempre, (Celaya, Guanajuato: Alex, Impresos Comerciales, 1998), 121-123.

[8] “Algunas mejoras en la Ciudad”, en: El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. Domingo 16 de enero de 1927, número 67

[9] “La Alameda en Completo Abandono”, en: El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. Domingo 24 de abril de 1927, número 81

[10] “Mal aspecto de la Alameda por descuido del Reg. de Jardines”, en: El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. Domingo 16 de diciembre de 1928, número 164

[11] “Malos aspectos de la Ciudad”, en: El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. Domingo 13 de enero de 1929, número 168.

[12] Carreño de Maldonado, Abigail. Celaya de siempre, (Celaya, Guanajuato: Alex, Impresos Comerciales, 1998), 120-123.

[13] “La Infantil Fiesta del Carnaval en la Alameda”, en: El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. Domingo 6 de marzo de 1927, número 74

[14] “La Alameda en vías de ser atendida”, en: El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. 16 de diciembre de 1933, tomo 9, número 439.

[15] “Se inició la semana del Árbol en Esta Ciudad”, en El Informador, periódico independiente de la vida regional. Celaya, Gto. 17 de febrero de 1934, tomo 9, número 448.

[16] Soldara Luna, Rafael,  Louis Sauvageau y la Ninfa que lo inmortalizó. (Celaya, Guanajuato: COCOEBA, 2009),  27-30.

[17] Carreño de Maldonado, Abigail. Celaya de siempre, (Celaya, Guanajuato: Alex, Impresos Comerciales, 1998), 123.

[18] Ibídem, 24-27.

[19] Periódico Oficial del Gobierno Constitucionalista del Estado de Guanajuato". No. 1,  1º de Julio de 1917, en: Luis. Historia de la Ciudad de Celaya, Tomo IV, (México, D.F.: Imprenta Manuel de León Sánchez, S.C.L., 1949), 181.

[20] Carreño de Maldonado, Abigail. Celaya de siempre, (Celaya, Guanajuato: Alex, Impresos Comerciales, 1998), 24-27.

 

 

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