La estación ferrocarrilera de Acámbaro

La ciudad de Acámbaro ha contado con una importante participación en la Historia nacional, gracias al dinamismo generado principalmente por el auge del ferrocarril durante la segunda mitad del siglo XIX, específicamente en el periodo del presidente Porfirio Díaz, quien en el afán de conectar al territorio mexicano por medio del ferrocarril, otorgó concesiones a empresas extranjeras para concretar su proyecto de modernización.

 

Una de las empresas que se vieron beneficiadas por dichas políticas, fue la del magnate de los ferrocarriles, James Sullivan, quien además de intentar conectar la capital de la ciudad con el Rio Bravo, buscaba unir la Mesa Central con la vertiente del pacífico. El gobierno porfirista otorgó las facilidades para que en el año de 1880, la Compañía Constructora Nacional Mexicana elaborara una línea férrea para la ruta México-Toluca-Maravatío-Acámbaro-Morelia-Zamora-La Piedad, con posterior expansión al pacifico. En este contexto se inserta la construcción de la primera vía férrea del municipio de Acámbaro. El Dr. Francisco Meyer, especialista en el tema, menciona que originalmente ésta línea era conocida como: “Ferrocarril Nacional Mexicano y la Frontera Norte”, exponiendo además que, dicha línea, fue sede de la Superintendencia de la División Pacifico de los Ferrocarriles Nacionales.

 

Durante el año de 1883, gracias al acelerado ritmo de expansión en la construcción, se abrieron los tramos de vía angosta: Toluca-Maravatío -153 km- y Maravatío-Acámbaro -58 km-. A la par de éstas, se planeó la inauguración de la estación Acámbaro, concluida el 6 de abril del mismo año; dicha estación se diseñó al estilo europeo, contaba con instalaciones para oficinas, restaurant en la planta baja y un lujoso hotel en la parte superior. En octubre de ese año, se contempló la apertura del tráfico de trenes hacia Morelia -87 km- y a Celaya -80 km- en vía ancha, variando los escantillones de vía angosta 0.940m y vía ancha 1.435m. De esta manera, quedaron unidos por la línea férrea: Acámbaro, Celaya, el bajío de Morelia y el de Guanajuato, conectando así la empresa Ferrocarriles Nacionales de México, con el Ferrocarril Central.

 

La ciudad de Acámbaro pronto se convirtió en un importante centro ferroviario; sólo México y Toluca, dentro de la división Pacifico, tenían instalaciones que ofrecían servicios similares, de ahí que el ferrocarril central haya dotado a los talleres de Acámbaro de máquinas, herramientas y hornos adecuados para reparaciones mayores. El Dr. Meyer menciona que, para 1908, después de 25 años de haberse creado la estación de Acámbaro, algunas de sus características fueron modificadas; esto como resultado del incremento de tráfico, por lo que fue necesaria la ampliación del patio que era de 2,200 m a 5,200 m. Dicho aumento se debió tanto a la economía de exportación de México, como al tendido de vías férreas hacia la frontera con paso por Acámbaro. Estos acontecimientos provocaron una demanda laboral importante en los talleres, los cuales fueron ocupados por gente que desempeñó su trabajo con gran calidad por un largo tiempo. Muestra de esto es la construcción de la primera locomotora de vapor en estos talleres durante el año de 1942, siendo precursora para que en 1944 se elaborara en el mismo lugar una segunda máquina más compleja. Es importante mencionar que fueron las únicas máquinas de vapor que se fabricaron en el país, dando muestra de la preponderancia que mantuvieron la estación y el taller de Acámbaro durante varios años.

Para el año de 1949, llegó a Acámbaro la vía ancha, acto al que acudió el Presidente de la República, Miguel Alemán Valdés, para su inauguración, terminándose el famoso transbordo de mercancías de carros de vía angosta a carros de vía ancha; viaje que aprovechó el presiente para inaugurar de forma paralela la presa Solís. Durante este periodo las locomotoras de vapor fueron perdiendo gradualmente su uso, pues entre 1950 y 1960, México apostó por las nuevas tecnologías en el campo ferroviario, adquiriendo maquinas diésel- eléctricas y vendiendo las locomotoras de vapor a Centroamérica y el Caribe. Para la década de los cincuentas, el taller comenzó a funcionar como fundidor, elaborando diferentes piezas para carros y locomotoras para surtir a gran parte del país; sin embargo, el taller tuvo su final en 1994, cuando cerró sus instalaciones de forma definitiva.

 

De esta manera, Acámbaro tuvo un dinamismo importante en su crecimiento debido a la vocación ferrocarrilera que caracterizó la región. Es de apreciarse el afán que tiene gran parte de la población de conservar y mantener viva en la memora colectiva del municipio, sin dejar de lado la importancia de sucesos históricos que marcaron el devenir de la vida nacional y, que de igual manera, juegan un papel importante en la construcción de la identidad del ciudadano mexicano, muestra de ellos es el sentirse orgullosos de ser un pueblo ferrocarrilero.

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Comentarios: 1
  • #1

    Wanda Hartmann (miércoles, 01 febrero 2017 11:06)


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