Las mujeres de la insurgencia

Por: Estefanía Juárez Herrera, Museo de Celaya, Historia Regional


Indudablemente la guerra de Independencia fue un acontecimiento que marcó el devenir de la vida nacional durante los años posteriores a 1810. El proceso de Independencia se generó gracias a una serie de circunstancias que desataron una lucha de once años: El peso de la opresión y segregación marcado por un sistema riguroso de castas hacia los novohispanos durante la colonia, fue incrementando la inconformidad de los mismos por continuar formando parte de la corona española (indígenas y criollos respectivamente); las reformas, los monopolios y el constante aumento de impuestos generaron un descontento general. Aunado a esto, en 1810 la mayor parte del territorio español estaba invadido por los franceses al mando de Napoleón, lo que dejaba a la monarquía sin rey legítimo, abriendo el camino a la conspiración y el levantamiento armado orquestado en el Bajío.


La lucha independentista estuvo caracterizada por diversas etapas y protagonizada por diversos personajes. Fue una lucha larga y sangrienta donde tuvieron participación los distintos sectores de la sociedad novohispana.No es extraño que al hablarse del proceso independentista surjan los nombres de los personajes más emblemáticos que tuvieron participación en ella, como Miguel Hidalgo, José Ma. Morelos, Ignacio Allende,Vicente Guerrero, entre otros; actores históricos que han sido vistos y revisados con mayor dedicación.¿Pero qué hay de la participación femenina en esta guerra? Se conoce por supuesto la colaboración con cierta importancia de “La Corregidora” Josefa Ortiz de Domínguez o de Leona Vicario, sin embargo, existió una cantidad considerable de mujeres que contribuyeron a la insurgencia, pero han sido reducidas a simples menciones a la sombra de los protagonistas de la época; como bien menciona la historiadora Patricia Galeana en “Mujeres en la Historia de México:”“La lucha por la independencia, como todo movimiento armado popular involucró a la población entera. Las mujeres participaron activamente, no sólo acompañando y cuidando a los hombres, alimentándolos y curándolos, sino como espías y correos. Hubo quienes tomaron las armas, y también fueron botín de guerra, violadas, encarceladas o ejecutadas para someter a los insurgentes”.


Es necesario reflexionar y analizar más de cerca a las mujeres que colaboraron directamente en el desarrollo de la guerra jugando un papel importante en la misma; aquellas que arriesgaron sus vidas al seguir sus anhelos vislumbrados en los ideales de la insurgencia; esas mujeres que decidieron formar parte activa de la causa a pesar de las consecuencias que consigo traía el involucrarse en la lucha por la búsqueda de la autonomía nacional.


Las mujeres de la época desempeñaban diversas funciones antes, durante y después de la guerra, mantenían diversos roles establecidos por su status social y civil,siempre subordinadas a la relación varonil, pues era de quienes muchas vecesdependían. Su vida diaria debía estar reducida a la casa, las tareas hogareñas y la crianza infantil, abandonando el espacio doméstico sólo cuando acudían a misa.Desafortunadamente, su situación no cambiaría después de terminada la guerra.Sin embargo, se encontraban presentes en los que se creía eran sitios reservados para varones como: reuniones de academia, casas de asamblea o las famosas tertulias literarias, donde se gestaron múltiples conspiraciones. Estás reuniones se realizaban tanto en las ciudades como en el sector rural; y de igual manera se practicaban bailes, leían libros y comentaban noticias del momento.


Ciertamente muchas se enrolaron en la insurgencia porque habían desarrollado una conciencia política, y no solamente por la relación mantenida con el hombre. Esto en parte gracias a la formación académica de algunas de ellas,adquirida en los diversos colegios de niñas y al aprendizaje obtenido en las reuniones antes mencionadas. El activismo político de las mujeres se percibe con mayor claridad después de 1808, cuando la familia real abdicó en favor de Napoleón, su pensamiento oscilaba en la idea de la pérdida de un gobierno legítimo.


El sector femenino ayudó de diversas formas a la causa insurgente: otorgando asistencia económica, sirviendo de correos o de enfermeras y administradoras, otras más quienes tomaron el machete y el fusil en el campo de batalla acompañando a los insurgentes, llegando algunas vestidas de hombre a comandar tropas; se encontraban también las esposas que fieles y abnegadas siguieron a sus esposos hasta el final,las conspiradoras y  seductoras (entendiendo por seducir la labor de convencimiento) que aunque hasta cierto punto mal vistas por pasar por prostitutas y amantes, lograron que un buen número de soldados realistas se pasaran a las filas insurgentes.Entre las mujeres de élite colaboradoras con la insurrección se encuentran:


María Josefa Crescencia y OrtizTéllez Girón, mejor conocida como “La Corregidora.” Nacida en la ciudad de México el 19 de abril de 1773. Tuvo una infancia difícil al quedarse sin madre a los cuatro años y sin padre pocos años después. Ingresó al Colegio de San Ignacio (Las Vizcaínas) donde aprendió a leer, escribir y bordar. A los dieciocho años de edad conoció a Miguel Domínguez, benefactor del colegio quien era en ese entonces Oficial Mayor del gobierno virreinal, con quien años más tarde contraería matrimonio y procrearía hijos.


Posteriormente se mudarían a Querétaro debido al nuevo cargo como Corregidor de letras que tendría el licenciado Domínguez. Tras las noticias de la invasión de los franceses a España, ayudó a su marido para redactar la iniciativa de un gobierno con base a cortes. Al enterarse de la aprehensión de los intelectuales de Valladolid, la misma Josefa comenzó a organizar tertulias donde se discutían las ideas autonomistas. Para 1810 los planes de rebelión donde se encontraban inmersos Ignacio Allende y Juan Aldama iban tomando forma, pero varios delatores ocasionaron la captura de algunos conjurados.


Domínguez por su parte, temeroso de los actos de Josefa la encerró en su habitación. El 13 de septiembre Josefa taconeó tres veces desde su cuarto, transmitiendo la señal de peligro acordada con el alcaide de la cárcel,Ignacio Pérez, quien llevó la noticia a San Miguel el Grande y luego a Dolores que la conspiración había sido descubierta. Fue hecha prisionera y confinada en el convento de Santa Catalina de Siena donde estaría hasta 1817. Murió el 2 de marzo de 1829 por pulmonía. Sería mencionada en los festejos de la independencia hasta 1851.


María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador. Hija del regidor perpetuo de la ciudad de México, nació el 10 de abril de 1789. Fue partidaria de la autonomía de la Nueva España, frecuentando reuniones donde se planeaba en favor a la Independencia. Formó parte de una red compleja de correos clandestinos que los conjurados habían inventado. Ideó un sistema de nombres cifrados que tomó de sus libros favoritos y dirigía sus correos a Valladolid, Querétaro y más tarde al sur, donde se encontraba Morelos.


De igual manera, consiguió recursos para financiar la causa. Tiempo después contrajo matrimonio con un abogado de nombre Andrés Quintana Roo quien también formaba parte de la insurgencia. Atravesaron por varias penurias hasta 1821, cuando por fin el abrazo en Acatepan entre Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, dio fin al conflicto armado. En 1831 fue criticada por Lucas Alamán al acusarla de haberse unido a la causa de la insurgencia por seguir a Andrés y no por sentimientos católicos. Leona le respondió con una carta que se publicó en el periódico “El federalista”, defendiendo su derecho a pensar por sí misma, es de hecho la primera carta escrita en México en la que se aprecian tales pensamientos en una mujer. Durante el gobierno santanista fue nombrada Madre Benemérita de la Patria. Murió en su casa el 21 de agosto de 1842.


Guadalupe Rangel. Esposa del caporal y vaquero Albino García, en Valle de Santiago, Guanajuato. Se dice que ella montaba a caballo y con el sable en la mano tomaba parte en los combates animando a los soldados insurgentes con su ejemplo. Fue hecha prisionera y llevada a Guadalajara en 1812.

La historiadora Rocío Córdova en “Por no haber una Muger que no sea BerdaderaInsurgenta” refiere que su invisibilidad normativa en el espacio público les permitía a las mujeres pasar inadvertidas cuando realizaban acciones que requerían sigilo y secreto, muchas de las cuales no podían haber sido realizadas por sus correligionarios varones, algunos de esos casos son los siguientes:


María Ignacia Rodríguez, La Güera Rodríguez. Mujer hermosa e inteligente que fue valiente en toda la Nueva España por su ingenio. Se casó tres veces y tuvo siete hijos. Se dice que sirvió como correo e informante de los insurgentes, cuya causa favorecía. Dice que se contaba entre sus amantes al Barón de Humboldt, a Simón Bolívar y Agustín de Iturbide, entre otros. Fue acusada ante la Inquisición de hablar a favor de la Independencia y de ayudar a transportar armas y ropas, pero al ser interrogada no se intimidó y burló a sus jueces, quienes nunca volvieron a molestarla.


Carmen Camacho. Estuvo casada con un soldado del regimiento de San Luis Potosí, pero después de un tiempo se enamoró de Fernando Barreda, un soldado criollo. Se fue con él a combatir a los insurgentes; en un principio el trato hacia ella era cordial pero después se tornó agresivo y comenzó a golpearla. Una vez en Acámbaro decidió abandonarlo. Cerca Jerécuaro fue rodeada por un grupo de guerrilleros al mando de Juan Ribera, quien la trato cordialmente, por lo que decidió continuar la marcha junto a los insurgentes quienes poco a poco fueron encontrando en Carmen un nuevo simpatizante. Se dedicó a seducir realistas en Acámbaro invitándolos a beber y luego convenciéndolos sutilmente de unirse a la causa. Al tiempo de estar realizando tales acciones fue delatada por un soldado potosino que la reconoció. El 7 de diciembre de 1811 fue arrestada y obligada a caminar descalza sólo con una manta y un cartel colgado del cuello que decía adicta a la insurgencia. Fue fusilada ese mismo día no sin antes gritar con su último aliento ¡Que vivan los insurgentes!, ¡que viva la causa de la libertad!


María Tomasa Estévez y Salas. Según la historiadora Celia del Palacio era una mujer bellísima y simpática, cuyo marido había muerto a manos de los realistas.A partir de entonces, se dedicó a conseguir información a los insurgentes. Fue comisionada para seducir a las tropas de Iturbide para que se pasaran de lado de los benefactores de la insurgencia. Finalmente, fue fusilada en Salamanca el 9 de agosto de 1814 y colocada su cabeza en la plaza pública de la misma ciudad para escarmiento de su condición de género.


María Teresa Medina de la Sota Riva. Nació el 7 de mayo de 1784. Se casó con el teniente coronel Manuel de la Sota Riva Llano. Era una mujer culta e inteligente y estaba al tanto de las noticias del momento. Ayudó a los insurrectos de la región proveyéndolos de información. Y al intentar ser aprehendidos los ayudó con recursos para que pudieran esconderse o escapar y así continuar con el movimiento. Su esposo dejó las filas realistas y tiempo después colaboró con Iturbide. Fue nombrada dama de honor de la emperatriz como reconocimiento a sus esfuerzos en favor de la Independencia.


La relación de mujeres en las acciones bélicas es casi nulo, el papel para dicho escenario estaba reservado para hombres, Sin embargo hay registros donde se demuestra su participación como los siguientes casos:


Antonia Nava, “La generala.”Nació en Tixtla en 1779. Cuando llegó Morelos a tierra caliente en 1810, se unió a la insurgencia junto con su esposo y sus hijos. Se le dio el sobrenombre de “La generala” por su buena puntería y su don de mando. En las campañas militares se mostró aguerrida, debido a que peleaba por tener algún día algo mejor para sus hijos, donde todos tuvieran los mismos privilegios y las mismas obligaciones.


Para 1815 formaba parte de las tropas de Nicolás Bravo. En una ocasión se encontrabansitiados en el pueblo de Jaleaca Guerrero durante varios días, las provisiones se agotaron, por lo que el general tomó la decisión de que los mismos soldados sirvieran de alimento sacrificándose para las tropas por medio de sorteo. Ante esto “La generala” reaccionó junto con otras mujeres diciendo: “hemos hallado la manera de ser útiles a nuestra patria… ¡No podemos pelear, pero si podemos servir de alimento!... He aquí nuestros cuerpos que pueden servir de ración a los soldados.” Tomó un cuchillo y lo llevó directo al pecho, afortunadamente varias manos impidieron tal acción. Este suceso sirvió de motivación para los soldados quienes pelearían con mayor valor. Un par de enfrentamientos posteriores perdería a su esposo, quien había sido un comandante importante. Se acercó a Vicente Guerrero quien le dijo que por la patria había que hacer sacrificios y ella contestó: “No vengo a llorar, no vengo a lamentar la muerte de Nicolás, él cumplió con su deber, vengo a traerle a mis cuatro hijos: tres pueden servir como soldados y el otro que está chico servirá de tambor”.


Cecilia Villareal, “La Heroína de Soto la Marina”. Originaría de Tamaulipas, estuvo casada con el mestizo Francisco de la Garza mejor conocido como “Francisco el Dragón” por pertenecer al Cuerpo de Dragones del Ejército Real.Cecilia auxilió a las tropas del general Francisco Javier Mina proveyéndolos de agua mientras se encontraban bajo el fuego realista. Estos últimos se habían apoderado del río, limitando tal recurso a los insurrectos que sufrían los estragos de la sed. Así es que en medio de la balas y de la bruma proporcionó en más de tres ocasiones el tan preciado líquido a los insurgentes. Posteriormente, acompañaría a los presos de regreso a Veracruz, pues no podía estar más con el hombre que peleaba contra su pueblo y sus ideales. Se dice que partió con un varón de nombre Josep Sardá a quien ayudó a escapar para reunirse en Cartagena con Simón Bolívar.


“La guanajuateña”. Según la historiadora y escritora Celia del Palacio en “Adictas a la Insurgencia” no se conoce su nombre ni más datos de ella, sólo que acompañaba a Ignacio López Rayón en la toma de Saltillo y que se puso a la cabeza de un batallón de mujeres y que con su orina lograron refrescar los cañones para continuar en combate. Se sabe que ella jugó un papel central en la toma de la hacienda de San Eustaquio y que murió en la batalla.

María Josefa Martínez.  Oriunda de Veracruz, se casó con un rebelde de nombre Manuel Montiel, quien andaba junto a los independentistas de la región. En 1816, el comandante realista de la zona capturó y dio muerte a su esposo, desde ese momento juró venganza. Reunió un grupo de rebeldes a quienes comandaba vestida de hombre y siempre con escopeta en mano y las dos pistolas de su marido. Cuando se vestía de mujer, lo hacía para acudir a las reuniones en Orizaba donde escuchaba noticias de los jefes realistas. Fue capturada en 1816 y mandada a la cárcel de la Magdalena en Puebla, donde sugieren algunos que murió.


Sin duda existieron muchas más mujeres participes de la insurgencia, la expuestas aquí son mencionadas con el objetivo de no dejarlas en el olvido y crear conciencia de las mujeres como actores históricos que desempeñaron un papel fundamental,no sólo en pro de la conformación de una nación, sino en toda la historia nacional.

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